Hace mil años, indígenas de las montañas andinas usaban plantas alucinógenas traídas de la selva amazónica, a cientos de kilómetros para inducir trances en sus rituales con sus ancestros y divinidades, según acaba de revelar una investigación.
Restos de esas plantas estaban en utensilios que servían para inhalar y que fueron hallados en una tumba funeraria en una remota región desértica a 4.000 metros de altitud en el altiplano del suroeste de Bolivia, comentaron a la Associated Press el arqueólogo Juan Albarracín y el antropólogo José Capriles.

El hallazgo sugiere que hace un milenio, pueblos de los Andes vinculados a Tiwanaku, conocían la elaboración de la ayahuasca, una bebida psicotrópica elaborada con plantas que no crecen en la puna altiplánica y, por tanto, tenían conocimientos de tierras altas y bajas que estaban interconectadas por una vasta red, según los investigadores.
